¡No es posible! Gritan al unísono 23 personas.

La última dinámica que les puse a este grupo, todos líderes, no está sencilla. Después de dos días de taller con actividades de aprendizaje asistido con equinos, hubo cambios palpables. El primer ejercicio  resulta ser un caos: falta de estrategia y coordinación, desorganización, individualismos, múltiples liderazgos  sin consenso, comunicación ineficiente… los caballos reflejan este desorden con enojos, patadas y desplazamientos confusos. Obviamente, no se logra ninguna de las metas.

La conclusión del primer día de trabajo me sorprende un tanto y compruebe la incredulidad y escasez de auto-responsabilidad por parte de los miembros del equipo. El comentario que prevalece es el siguiente: “tus caballos están entrenados para no colaborar”. Sé que es mucho más fácil culpar a factores externos que reconocer los propios errores, y más cuando se trata  de un grupo de personas profesionistas y líderes. Responder o defender el punto de vista de los equinos no es prudente.

El día siguiente, noto un cambio drástico en los equinos, reflejo del estado de ánimo general de los participantes. Los ejercicios se desarrollan con suavidad, armonía y eficiencia.  El integrante más escéptico verbaliza lo que la mayoría ya ha sentido:” los caballos realmente son sorprendentes. Ahora entiendo que ellos, verdaderamente muestran el espíritu general del equipo.”

Sonrío ligeramente. En veces, trabajar con las  personas puede desilusionar. No hay peor sordo que él que no quiere escuchar, ni peor ciego que él que no quiere ver. Afortunadamente la magia de los caballos y su poder de convencimiento dejan  a pocos insensibles y generalmente, convencen a los más reticentes.

Para la última dinámica, despliego una lona azul de cuatro por cuatro metros sobre el suelo. Solicito que se suban todos los participantes sobre ella y el objetivo es voltearla sin que nadie se baje de ella.  Después de casi veinte minutos de planeación, lo logran. Aplauden y brincan de alegría. Voltean hacia mí, buscando la aprobación. Les entrego una de mis yeguas favoritas y mi comentario “ahora con la yegua”  despierta el grito “Es imposible”. Me mantengo firme. Ponen manos a la obra y lo logran… en dos minutos, a la perfección.

¿Imposibles? Los únicos imposibles que existen son los que nosotros mismos nos ponemos…y una vez más, los caballos comprobaron que la fuerza del corazón, apoyada por la mente, desvanece todas las resistencias que impiden los milagros, pequeños o grandes.

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