LA SICOLOGÍA DE LOS CABALLOS

Ing. Jorge Luis González Piñón

Estudiar la sicología del caballo tiene como objetivo conocer los aspectos más importantes para poder entender el comportamiento equino y lograr una mejor comunicación- relación con ellos.  Relación humano-equino que tiene miles de años y que gracias a individuos enamorados de los caballos que durante diferentes épocas buscaron mejores formas de relacionarse y comunicarse en base a la observación del comportamiento entre los mismos caballos en sus manadas.

Conocer que existe un sistema de comunicación entre ellos y que sabiendo encauzar sus características de animal de presa se puede llegar a tener un excelente compañero es la mejor manera de llevar esa relación.

Los caballos son animales que por su naturaleza de presa han logrado subsistir gracias a huir, que es el instinto innato de escapar del peligro ya sea real o imaginario, pues son neofóbicos, esto es, que todo aquello que es nuevo para ellos es peligroso.   En su estado natural, la huida constituye el comportamiento de sobrevivencia básico. El hábitat natural del caballo es el pastizal, la pradera y la estepa y sus depredadores naturales siempre fueron los grandes felinos, los caninos y el hombre. Anatómica, fisiológica y psicológicamente, el caballo evolucionó como velocista, por lo que la huida se convirtió en su herramienta básica para sobrevivir En éste aspecto es donde podemos actuar para que pierdan ese miedo hacia los objetos o personas o situaciones con los que interactúan diariamente.   Tiene que haber un trabajo de desensibilización  y que se den cuenta que ese estímulo, ruido u objeto no representa un peligro de muerte, mostrándole que nuestra presencia, la montura, sudadero, riendas , freno , ruido de vehículos etc. deben ser considerados como seguros y que deben ser guardados en el lado de su mente que guarda lo no peligroso.  Así durante toda su vida cada vez que haya algo que el caballo perciba como peligroso.

Es importante también saber que sus sentidos son mucho más desarrollados que los nuestros, son mucho más perceptivos que nosotros. La percepción consiste en estar al tanto de los estímulos del medio ambiente. Las especies depredadas deben ser más perceptivas que los depredadores para sobrevivir. Ésta es la razón por la cual el caballo es una especie altamente perceptiva, de hecho, la más perceptiva de las especies domésticas comunes. Los humanos, como especie depredadora somos mucho menos perceptivos. Es muy difícil para nosotros entender y dimensionar cabalmente la finísima capacidad sensorial de los caballos.

Los caballos poseen los mismos cinco sentidos que nosotros: vista, tacto, oído, gusto y  olfato, sin embargo en todos los casos nuestros sentidos son más deficientes.  Sólo en el caso de la visión es diferente, pues en algunos aspectos, la visión del caballo es inferior a la del humano, sin embargo, ésta fue diseñada con otro propósito. Los caballos tienen una visión pobre de colores, perciben la mayoría de las cosas en tonos negros, grises y blancos, por lo cual el blanco y el negro son los colores más visibles para ellos de forma que los objetos de estos colores son los más atemorizantes para el caballo, especialmente si éste no se encuentra familiarizado con ellos. Los caballos no tienen nuestra percepción de la profundidad. Al igual que otras especies depredadas, sus ojos están ubicados a los lados de su cabeza para poder descubrir a los depredadores al acecho. Ésta es la causa de la desconfianza del caballo a los charcos de agua: el caballo no puede saber si el charco tiene sólo unos centímetros de profundidad o varios metros. Igualmente, el interior de un remolque o una caballeriza es para el caballo un túnel o una cueva sin fin.    Por otro lado, tener los ojos a los lados tiene sus ventajas: Hay sólo un punto ciego enfrente de la cabeza y otro justo detrás, pero con una simple flexión del cuello a cada lado, el caballo puede ver todo lo que hay a su alrededor, a los 360°. Con este diseño, cada ojo ve distintas cosas, y manda distintas señales al cerebro. Los ojos de los caballos brillan en la oscuridad debido a que poseen un reflector especial llamado “tapetum lucidum”. Esta estructura incrementa significativamente su habilidad de ver de noche. De hecho, la visión nocturna del caballo es tal, que los humanos difícilmente podemos imaginarla.

El ojo equino, además tiene una habilidad inigualable de detectar movimiento. Un caballo no deja de percibir un pájaro revoloteando entre los árboles, o el movimiento de la oreja de una vaca escondida entre los matorrales. Los caballos son por esto más nerviosos cuando hay fuertes vientos. Si un caballo no manifiesta una reacción de alarma ante algo que se mueve inesperadamente, se debe a que está desensibilizado a este tipo de estímulo, no a que le haya pasado desapercibido.

El sentido del oído de los caballos es mucho más agudo que el de los humanos. Ellos pueden detectar sonidos que nosotros no somos capaces de percibir y, al igual que con los estímulos visuales, los categorizar y memorizan con extraordinaria habilidad.

Por esta razón es importante que revisemos nuestros estímulos auditivos hacia los caballos, por ejemplo el “clic clic” para que el caballo avance y el “oh” para que se detenga. Si constantemente estamos apurando al caballo con el “clic clic” éste se desensibilizará y dejará de responder. Si usamos el “oh” para que el caballo se detenga, para que baje su velocidad, para que permanezca quieto, para que se tranquilice, etc., le estamos mandando una señal confusa, pues el “oh” debe tener un solo significado.

El sentido del olfato del caballo, igual que el del perro, es tan superior al nuestro que ni siquiera podemos imaginarlo. Siendo un animal depredado, el caballo es especialmente sensible al olor de los depredadores (incluido el hombre), los cuales, dado que comemos carne y grasa animal, olemos a carne y grasa animal.

En nuestra relación con los caballos, frecuentemente encontramos que muestran reacciones de alarma sin “ninguna razón”, sin embargo, con nuestros sentidos menos desarrollados o diseñados en forma distinta, ésta es nuestra interpretación. Los agudos sentidos del caballo le indican que el peligro puede estar cerca, y su reacción inmediata será huir.  Si, como respuesta a este comportamiento, nosotros castigamos al caballo y le causamos algún dolor, entonces le estamos confirmando que él tenía razón al querer escapar, y para la siguiente ocasión que perciba el mismo estímulo, reaccionará con más violencia.

La clave para la correcta interpretación del comportamiento del caballo consiste en entender el mundo desde su perspectiva. Su apreciación del mundo se basa en sus sentidos. La motivación del caballo es buscar la seguridad y la comodidad. Él da por sentado que debe escapar para protegerse si siente algún peligro. Un caballo no soportará voluntariamente la incomodidad por mucho tiempo. Si continuamente respondemos con un comportamiento que le causa más incomodidad o que atenta contra su sentido de seguridad, estaremos generando un deseo de huida.

La percepción del caballo es diferente a la nuestra, así que, para entender su comportamiento, debemos entender su perspectiva del mundo.

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Bibliografía:

Miller, R. M. 1999. Understanding the Ancient Secrets of the Horse’s Mind. Rusell Meerdink Co. Ltd. USA

 

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