|
Volver a Artículos
PLEGARIA
DEL CABALLO
Amo mío: permíteme que formule ante ti mi
plegaria
Después
del trabajo y de las fatigas del día, dame albergue en una caballeriza
apropiada y limpia.
Cuida de
alimentarme convenientemente y de mitigar mi ardiente sed, no puede
participarte cuando tengo sed o cuando estoy enfermo.
Pero si
tu me atiendes yo te puedo servir mas eficazmente, porque tendré mas
fuerzas.
Si dejo
la pastura manda examinar mis dientes.
No
permitas que me corten la cola, pues es mi única defensa contra las moscas y
demás insectos cuyas picaduras me atormentan.
En el
curso del trabajo háblame: tu voz es para mi más eficaz que las
riendas y el fuete.
Acaríciame y enséñame a trabajar con buena voluntad.
No me
fatigues en las subidas ni me sofrenes en las bajadas.
No me
cargues demasiado.
De muy
buena voluntad te sirvo hasta donde alcanzan mis fuerzas.
No
olvides que estoy dispuesto a morir en tu servicio en cualquier momento.
Mientras
vivo trátame con la consideración debida a un criado fiel.
Si no te
entiendo inmediatamente, no te desesperes y me castigues; es muy posible que
no sea mi culpa.
Examina
mi riendas, no sea que no trasmitan correctamente tus órdenes por estar
atoradas ó torcidas.
Mírame
las herraduras a ver si me lastiman.
Querido
amo, cuando la edad me haya hecho débil ó esté invalido, no me condenes a
muerte por hambre.
Júzgame y
si fuera necesario mátame tu mismo para que mis sufrimientos sean menores.
Perdona
haber ocupado tu atención con ésta humilde plegaria, que te ruego no
olvides; yo te la hago respetuosamente invocando a aquel que nació en
un pesebre.
Artículo
enviado por nuestro colaborador Dr. José Antonio Vaca.
Volver a Artículos
|