La
práctica previa a la competencia

Por Aldo Garibay

La
mayoría de los lazadores del país acostumbramos
salir a competencias a algún lugar, ya sea a nivel
regional, estatal, nacional o incluso internacional
porque la emoción y la adrenalina que ahí
encontramos no la llenamos lazando sólo en las
prácticas. Es por eso que a muchas de las prácticas
les acabamos poniendo algo de por medio, para
volverlas mas interesantes, ya sea los refrescos,
las papas, la cena, quitar protectores a los
novillos, la pastura de los animales , veinte pesos
o diez.
Esto se ha acostumbrado por años y es una manera de
hacer las prácticas más divertidas pero no es lo más
recomendable para obtener el mejor resultado de
ellas. Al final, nos damos cuenta que no tenemos
practicas formales encaminadas a reconocer y
corregir nuestros errores como lazadores o los que
estamos cometiendo con nuestros caballos.
Definitivamente debemos intentar ser agresivos en
muchas ocasiones para saber que tan rápidos podemos
ser. Para los cabeceros es muy divertido tratar de
lazar un novillo recién salido del chute y para los
pialadores tirar un “crossfire”. Sólo que en
ocasiones también debemos intentar ser más
constantes y tratar de lazar o pialar todos los
novillos para subir nuestro porcentaje de
efectividad, nuestra seguridad y confianza, y por lo
tanto tener un mejor resultado en las competencias
importantes.
Por
lo menos, la ultima práctica que tengamos antes de
una competencia importante la debemos hacer
concienzudamente y principalmente enfocada al
caballo.
En
el caso del caballo cabecero debemos estar seguros
que va a tener una salida precisa sin tronar la
barrera, que se va a tomar el tiempo necesario al
lazar los novillos para voltearlos de manera
uniforme y que no va intentar abrirse a la hora del
tiro. En el caso de los pialadores el caballo debe
darnos una entrada precisa en la esquina y la
oportunidad de escoger el momento indicado para
hacer nuestro tiro, sin anticiparse a la parada.
La
calidad de esta última práctica va a mejorar
considerablemente el resultado de la competencia.
Podemos hacer una comparación como cuando afilamos
una navaja. Si la hoja esta muy gruesa debemos
invertir mucho tiempo de cada lado en una piedra
áspera, pero al final tratamos de asentarla con
movimientos más suaves en una piedra más fina. Así
mismo, nosotros y nuestros caballos requerimos de
ajustes más finos cuando estamos cerca de una
competencia.
El
caballo registra en su memoria las condiciones en
las que corrió sus últimos novillos, no importa si
fue un días antes o incluso semanas. De tal manera
que si en nuestra última práctica provocamos que el
caballo anticipara sus movimientos al tratar de ser
rápidos, ese comportamiento tendrá desde su primer
lazo hasta el último en la competencia.
Cuando llegamos a competir en esas condiciones nos
resulta muy difícil corregir al caballo durante la
jornada, debido a que en cada salida está en juego
nuestra oportunidad de ganar y no queremos
sacrificarla para corregirlo.
Esto desencadena un circulo vicioso en el que el
desempeño de nuestro caballo y por lo tanto, el de
nosotros mismos, va disminuyendo en el transcurso de
la competencia.
Lo
que hablamos aquí se ve muy claro a la hora de
categorizar a los lazadores ya que los que realizan
este tipo de prácticas formales por lo general son
los que tienen un ranking de 6 o más, en la escala
de 1 a 10.
Lazar debe ser divertido y el jugar con algo de por
medio lo hace interesante, pero es importante
alternar ese tipo de prácticas con prácticas
formales que nos ayuden a mejorar lo que sea que nos
está haciendo falta en ese momento, ya que el salir
triunfantes de una competencia o por lo menos
satisfechos de nuestro desempeño es igual o más
divertido aún.
La diferencia entre lo ordinario y lo
extra-ordinario, es ese pequeño “extra”.