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MONTY ROBERTS El Hombre que escucha a los
caballos
Este
enigmático hombre es conocido como “El hombre que escucha a los caballos” de
donde se inspira el director Eric Roth para realizar su película que
sería protagonizada por Robert Redford.
Monty Roberts nació en 1935 en Salinas (California). Trabaja con caballos
desde hace más de sesenta años y vive junto a su esposa Pat en la costa
central de California. Por sus venas corre algo de sangre Cherokee (su
abuela paterna era una mujer Cherokee), nació y creció entre caballos. Desde
muy temprana edad, a los tres años, demostró su extraordinaria habilidad
sobre un caballo, y a los 4 años ya era matriculado junto con su hermano
Larry en los concursos alevín de “stock horses”.
El mismo Monty ha afirmado que todo lo que ha conseguido en su vida se debe
a su temprana e intensa relación con los caballos además de que su padre,
quien quiso enseñarle a domar a los caballos “a la antigua usanza”, un
brutal método que incluso hoy en día se sigue practicando. En un corral
circular se tenían seis postes sólidos colocados de forma equidistante,
primero se les ponían las cabezadas a los seis caballos y se les ataba con
fuertes cuerdas a los postes, a nueve metros el uno del otro, así se domaban
6 caballos de una sentada. El “domador” se colocaba en el centro del corral
con una cuerda fuerte en cuyo extremo iba atado un saco de lona y se
dedicaba a lanzarlo contra las grupas y extremidades de los animales, que
obviamente tironeaban aterrorizados y siempre terminaban heridos, de este
modo, se “rompía” la voluntad del animal. Esto duraba cuatro días, tras los
cuales se ataba primero uno de los pies por la cuartilla con una cuerda que
iba a un collar que previamente se había colocado al caballo, y así,
reducido a sostenerse únicamente con tres extremidades, se volvía a aventar
el saco y se iba cambiando la atadura de extremidad, durando esto unos 8
días mas. Después de estos días, con la extremidad aún atada, se les
colocaba la silla, la presión de la cincha parecía darles renovadas fuerzas
para resistirse a un nuevo “saqueo” que duraba otros 8 días, tras los cuales
se les soltaba del poste y se les trabajaba uno por uno con rienda larga y
una jáquima de cuero rígido una semana mas. Tras esa semana era cuando el
domador les montaba ya uno a uno, con la silla puesta y una extremidad atada
para disuadirles de reparar, aunque se les provocaba para ello subiendo y
bajando o dándoles talonazos en el estómago, y al que reparaba o se resistía
se le molía a latigazos hasta que su frágil y ya destrozada voluntad quedaba
totalmente eliminada… ya se había definido totalmente la relación que el
pobre animal iba a tener con su amo, miedo.
Su padre intentó que aprendiera a domar los caballos de esa manera a lo que
Monty le pidió tiempo, soltó a dos potros recién traídos en el cercado y se
dedicó a dar vueltas con ellos, caminando a su lado, observándoles,
intentando que le dejasen acercarse, hasta que al tercer día se dio cuenta
de que uno de los potros le seguía allá a donde fuera… y lo mas increíble,
se dejó poner la silla mansamente, empezaba lo que iba a ser leyenda… Aunque
su padre al ver de que manera había domado al potro en tres días en vez de
hacerlo a la “antigua usanza” (que duraba 3 semanas) le propinó una brutal
paliza a Monty con una cadena. Monty no quiso en ningún momento hablar mal a
su padre incluyendo estos hechos en su autobiografía, pero son detalles
importantes de su vida, su padre realmente al ser medio cherokee sufrió
muchos abusos durante su juventud por el tema racial además de crecer y
criarse en el duro mundo de los pioneros.
Monty participó como jinete en las carreras de “cuarto de Milla” (carreras
que han dado nombre a la raza Quarter Horse, originariamente llamada “Suelo
cobrizo” y más tarde “Polvo de Acero” nombres que tomaron de sus dos
principales sementales). En las pistas de carreras conoció a Farrell Jones,
quien le enseñó que el aterrorizar a los caballos era contraproducente y mas
en estas carreras ya que se conseguía el efecto contrario que se pretendía,
estas carreras se caracterizaban por la salida fulgurante del animal, que
casi se olvidaba de respirar hasta cruzar la meta. El método de Farrel Jones
enseñó a Monty y se convirtió en parte en su manera de pensar que un hombre
nunca debe decirle: “Tienes que…” a un caballo. Por el contrario ha de
invitarle a realizar eso que le pide diciéndole: “Me gustaría…”
Entre los 8 y 12 años, Monty, correría unas 200 carreras en las que no
sufrió ningún accidente grave, si bien solo un par de caídas.
El anteriormente mentado Farrel Jones se convertiría con el tiempo en el
entrenador de pura sangres mas importante de Estados Unidos.
En 1947 era dificil conseguir caballos para el Rodeo de Caballos Salvajes
que era parte del espectáculo que iba a celebrarse en Salinas aquel año ya
que dada la demanda de carne de caballo durante la guerra, el número de
ejemplares mustangs había disminuido drásticamente, en 1947 las manadas de
California, Nevada y el sur de Oregón se habían reducido a las dos terceras
partes y ahora se encontraban casi exclusivamente en Nevada. Así que Monty
ofreció al organizador, Doc Leach, traer él y su hermano de Nevada 150
mustangs capturados por ellos mismos, metieron a sus caballos en un camión y
partieron a por esos mustangs… ¿El trato? El trato con Doc era sencillamente
que esos 150 caballos una vez finalizado el rodeo esos caballos en vez de
ser vendidos al matadero como “carne para los cuervos” (asi se llamaba a los
caballos destinados al matadero de Crow’s Landing ( tierra de cuervos)para
convertirlos en comida para perros) serían bien domados por ellos y sacados
a subasta como caballos de silla.
En esas fechas Monty tenía 13 años y su hermano Larry 12 y ese viaje
para reunir 150 mustangs se iba a convertir en la experiencia mas importante
de su vida, el poder observar en su hábitat natural y en manada a los
caballos, su comportamiento, en suma, entenderles. Durante los tres años
siguientes realizó varios viajes a las mesetas que estaban al otro lado de
Sierra Nevada y cada vez que iba se quedaba varias semanas observando a los
caballos.
Con las experiencias de sus observaciones salió el método “join”( Unión), y
la primera demostración se llevó a cabo delante de Ray Hackworth, un
reconocido entrenador de caballos y todo un caballero, suave pero
disciplinario.
El método de unión consiste en “hablar” el mismo idioma que el caballo, el
lenguaje del cuerpo, pasar de ser un depredador para él a ser de su propio
grupo. Monty se metió en un corral circular con un potro salvaje y se dedicó
a tomar el mismo comportamiento que hubiera visto la última vez en la
matriarca de cierto grupo de mustang. Primero se cuadró frente al potro
mirándole a los ojos, con los hombros cuadrados ante él… en su lenguaje es
como decirle “márchate, no te quiero aquí, quiero que te vayas lejos” y en
todo momento mantuvo esa posición respecto del caballo, que galopaba pegado
a la valla del corral, de tanto en tanto lanzaba una cuerda fina a su lado
sin tocarle para incitarle a huir, esto se prolongó un rato al cabo del cual
el potro giró la oreja interior hacia él… era la primera señal, le prestaba
atención, según Monty iba pasando su mirada de la cabeza del animal hacia su
cruz.. su espalda… el caballo aminoraba de marcha, hasta que volvía a
fijarla en sus ojos y el potro retomaba su carrera por alejarse de él. Tras
un par de vueltas el potro empezó a lamer , a sacar la lengua entre los
dientes y a tascar y mascar lo que sería interpretable como “Soy herbívoro y
por eso hago esto con mi boca, no se si confiar en ti o no, necesito que me
ayudes a tomar una decisión”. Entonces fue cuando el potro dio la siguiente
señal, su cabeza descendió de forma que su nariz pasaba a pocos centímetros
del suelo…”Déjame volver, no quiero huir mas”. En ese momento Monty se giró
con lentitud pasando la vista unos seis metros por delante del potro y
situando su cuerpo unos 45º respecto del animal, y sucedió algo increíble,
el potro se paró inmediatamente y se separó del muro lentamente caminando
hacia Monty un par de pasos… el potro se detuvo y Monty esperó… hasta que el
potro terminó de avanzar rozándole el hombro con la nariz, “uniéndose” con
él, ahora Monty era parte de su grupo, era el dominante y el potro confiaba
en él. Reafirmando el fenómeno, Monty volvió a cuadrarse ante el potro
manteniendo su mirada fija en él, “echándole” de nuevo de su lado, a lo que
el potro antes de dar una vuelta completa al corral de nuevo estaba
disculpándose y pidiendo ser aceptado de nuevo con la nariz a pocos
centímetros del suelo, Monty le recibió de nuevo acariciándole y mimándole
mucho, en menos de 25 minutos había conseguido que un potro salvaje caminase
cómodamente detrás de él, y lo mas importante, que confiara en él.
Pero en esa demostración Monty no se detuvo ahí, cogió el equipo vaquero y
lógicamente el potro al verlo se asustó y se alejó de él empezando a dar
vueltas, pero Monty dejó el equipo en el suelo junto a él en el centro del
corral y dejó elegir al potro entre él o el corral circular, pero el potro
le eligió a él, “confiaba” en el, al ponerle la mantilla y la silla con
extremo cuidado el potro apenas dio dos pasos hacia atrás, respirando con
fuerza y los ollares dilatados, sus orejas no paraban de moverse, pero
confiaba en Monty, le dejó ajustar la cincha con suavidad y con solo la
montura puesta le incitó a alejarse de nuevo de él con la silla puesta, el
caballo galopó por el cercado reparando asustado por aquello nuevo que
llevaba sobre el lomo, pero al cabo de unas cuantas vueltas galopaba con una
cadencia regular, y de nuevo se dieron las señales, el potro le pedía ser
aceptado de nuevo. Al volver a Monty, éste le ajustó bien la cincha y le
puso una brida con filete repitiendo el proceso que ejecutó con la silla, En
menos de 40 minutos Monty estaba montando a aquel potro, pero cual no fue su
decepción cuando Ray tacho aquella sesión de doma como “pura chiripa” y se
marchó despreciando el trabajo.
Fuente de la información: “El hombre que escucha a los caballos” Autor:
Monty Roberts. (lectura muy recomendada para todo amante de los caballos)
Fotos extraidas de www.montyroberts.com y www.animal-lib.org.au
Autora: Darya
A los amantes del
caballo…. Hasta la próxima.
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