LA EQUINOTERAPIA

Investigación Bibliográfica por Ing. Jorge Luis González Piñón

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Los animales no sólo son capaces de ofrecer al ser humano lealtad y afecto casi ilimitados, sino que muchos de ellos pueden sanarlo física y mentalmente gracias a terapias alternativas en las que veterinarios, científicos y médicos  están avanzando. Una de ellas es la que tiene como protagonistas a los caballos, la que es llamada equinoterapia o hipoterapia.  La gran diferencia entre la terapia a caballo y las que utilizan otros animales como los delfines y perros, es que puede llevarnos sobre su lomo, beneficiándonos de sus movimientos tridimensionales para estimular músculos y articulaciones del paciente, pues el vaivén hacia arriba, abajo, adelante, atrás y hacia los lados, es un movimiento que resulta ser el único en el mundo animal, semejante al caminar humano.

Los efectos terapéuticos del caballo no han sido descubiertos  en la época moderna,  ya los griegos desde el año 460 a.c. se dieron cuenta de que la equitación es una actividad regeneradora que tonifica el cuerpo y eleva el estado de ánimo. Durante el siglo XVII nuevos hallazgos médicos mostraron que cabalgar era especialmente efectivo para luchar contra la gota.  Es el científico francés Chassiagnac a finales del siglo XIX, uno de los primeros que avanzaría las líneas de investigación en torno a la equinoterapia, descubrió que la monta mejoraba los movimientos y el equilibrio de sus pacientes, y por eso, aplicó la equitación como tratamiento para los trastornos neurológicos, motrices y psicológicos; además  sus experiencias le convencieron de que montar a caballo, mejoraba el estado de ánimo y que era particularmente beneficioso para parapléjicos y pacientes con otros trastornos neurológicos. Al final de la I Guerra Mundial en Gran Bretaña una mujer llamada Olive Sands puso sus caballos a disposición del Hospital de Oxford donde se probó con éxito una especie de terapia con sus caballos en los pacientes del hospital.

La equinoterapia no consiste en enseñar al paciente a montar a caballo. Se trata de colocar al paciente sobre el caballo de tal manera que el movimiento pueda estimular su organismo y así facilitar la rehabilitación. Los fisioterapeutas que se encarguen  de esta tarea deben ser  profesionales.  El paciente monta sin albardón y si es posible a pelo. Esto permite que el calor del animal se transmita al cinturón pélvico y a los miembros inferiores del paciente, lo que favorece en gran medida el relajamiento de los músculos de las piernas y glúteos.  Los principios terapéuticos en los que se basa la equinoterapia son la trasmisión del calor corporal del caballo, de los impulsos rítmicos y de la cadencia de paso del caballo, los que son  equivalentes a los de la marcha humana, ya que el cuerpo del caballo alcanza hasta 38,8º C y durante su movimiento se aprovecha como un instrumento calorífico para distender y relajar la musculatura y ligamentos del paciente.

Al montar se trasmiten  los impulsos rítmicos del lomo del caballo al cinturón pélvico, a la columna vertebral y a los miembros inferiores del jinete. Al caminar en paso se transmiten de 90 a 110 impulsos por minuto a la pelvis del jinete; éstos a su vez aumentan en cantidad e intensidad si el caballo camina en trote. Los impulsos los provocan los músculos lumbares y ventrales del caballo, que se contraen y distienden alternativamente en forma rítmica y regular en el paso y el trote. El movimiento hacia delante fuerza al cinturón pélvico del jinete a adaptarse al movimiento, los impulsos fisiológicos se propagan hacia arriba por medio de la columna vertebral hasta la cabeza, provocando reacciones de equilibrio y enderezamiento del tronco.

El propósito de la fisioterapia consiste en proporcionar estímulos fisiológicos para regularizar el tono muscular y desarrollar el movimiento coordinado. La transmisión de estos impulsos fisiológicos rítmicos y regulares forman la base de la equinoterapia, lo que la convierte en una fisioterapia con amplios efectos sobre la neuromotricidad (Strauss, 1993).

Dentro de la equinoterapia se emplean dos métodos que son  la Terapia Pasiva y la Terapia Activa. En la primera el paciente se adapta pasivamente al movimiento del caballo sin ninguna acción por su parte, aprovechando el calor corporal, los impulsos rítmicos y el patrón tridimensional del caballo. El terapeuta se sienta detrás del paciente para dar apoyo y alinearlo durante la monta.  En la terapia activa  se añade a la terapia pasiva la realización de ejercicios neuromusculares para estimular en mayor grado la normalización del tono muscular, el equilibrio, la coordinación psicomotriz y la simetría corporal y ejercicios de estimulación neurosensorial. El conjunto de acciones que conforman este tratamiento se fundamentan en el uso del movimiento multidimensional del équido. Gracias a los caballos es posible hacer avances sorprendentes en niños con problemas psicológicos o personas con dificultades motrices.  Gracias a la equinoterapia, el enfermo es capaz de enfrentarse al movimiento, sin ser un agente activo. El trote del caballo produce en el ser humano sensaciones similares a las que siente el cuerpo al caminar, por lo que obliga a éste a reaccionar ante el movimiento y a volver a familiarizarse con él.
La variedad de trotes del animal favorece que el paciente sienta un amplio abanico de movimientos y sensaciones. Las respuestas musculares y sensoriales son precisamente las que facilitan su rehabilitación.

 

Aunque se suele utilizar sobre todo en casos de problemas del sistema locomotor por los beneficios que proporciona en articulaciones, músculos y sentido del equilibrio, el trato y relación con los caballos también se ha demostrado efectivo para combatir problemas de comunicación y comportamiento, sobre todo en el caso de niños y jóvenes. Este  punto de vista psicológico ha adquirido mayor importancia ya que se ha demostrado que, gracias a la equitación, mejora la autoestima, la atención y la concentración.  El paciente también experimenta un aumento de la seguridad en sí mismo y de la motivación para rehabilitarse.

Por otro lado, es importante destacar que la equinoterapia siempre debe contemplarse como parte de un tratamiento integral para superar los problemas y no como una medicina aislada.

Existe un gran número de enfermedades en las que es aplicable el uso de la equinoterapia como tratamiento como la esclerosis múltiple, desórdenes alimenticios, traumas cerebrales, parálisis, enfermedades neurodegenerativas, problemas de conducta y comportamiento, síndrome de down, autismo y diversos tipos de minusvalías.
Esta  también ha demostrado ser efectiva en casos de rehabilitación de drogodependientes y en individuos con problemas de adaptación social.

Las terapias asistidas por caballos se consideran como medicina complementaria ya que se recomiendan además de cualquier otra terapia y son supervisadas por médicos en las diferentes especialidades, como terapia para que se obtengan óptimos resultados es necesario la constancia y una continua valoración médica para programar los ejercicios que el especialista recomienda.

Mediante la equinoterapia, los padres y familiares de los pacientes adquieren un sentido de confianza hacia ellos lo que les permite apoyarlos en su autodependencia y autoestima y con la ayuda de conferencias de psicólogos y profesionistas o triunfadores con capacidades diferentes, aumentar la confianza hacia el jinete para prepararlo para el futuro, invirtiendo en los familiares el proceso de proteccionismo por el de "Tu puedes".

Por último,  sin duda otro punto a favor de la equinoterapia es que el paciente no percibe el tratamiento como un suplicio. Para el enfermo el trato con el caballo es siempre diversión y, por lo tanto, se muestra siempre mucho más dispuesto que con los ejercicios de rehabilitación tradicionales.  Al desarrollar los trabajos al aire libre, se favorece además la relación del paciente con los animales y la naturaleza.

 

Bibliografía  

http://www.asocequinoterapia.org

http://www.esfadi.org.ar/equinoterapia.htm

http://www.familia.cl/ContenedorTmp/Equinoterapia/equinoterapia.htm


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